Presupuestar es descomponer la obra en partidas medibles y asignar a cada una materiales, mano de obra, equipos y rendimiento. Ese último dato es el que más se subestima y el que más margen se come.
Estructura mínima
- Costos directos por partida, con unidad y cubicación clara.
- Gastos generales: instalación de faena, arriendos, supervisión, servicios.
- Imprevistos como porcentaje explícito, no escondido en los precios.
- Utilidad separada del resto.
- Impuestos según el tipo de contrato.
Deja por escrito qué queda fuera del presupuesto. Las exclusiones evitan más discusiones que cualquier cláusula de contrato, sobre todo en obras de remodelación donde siempre aparecen sorpresas al demoler.
Un presupuesto sin cubicaciones respaldadas es una promesa, no un documento técnico.